Jueves, 22 Agosto 2019

¿Por qué Macri mira a Chile para la Reforma Laboral?

Escribe Gino Porchietti. Reflexiones en un nuevo aniversario del Primero de Mayo. Génesis y evolución del modelo chileno, las medidas económicas llevadas a cabo y su reforma laboral de la dictadura.

¿Es un día para celebrar o reflexionar?¿”Celebración” y “conmemoración” son términos que se contradicen el uno al otro? No necesariamente, las celebraciones, como todo ritual siempre representan algo, tienen un contenido, un significado. No son repetitivas, su sentido se transforma dependiendo del contexto presente que las atraviesa. Son espacios que se suelen destinar a la reflexión y en muchas ocasiones pueden ser utilizadas para conmemorar acontecimientos del pasado que siguen perviviendo y teniendo un significado importante en el presente. En este sentido y si nos atenemos a estas significaciones, el 1º de mayo es tanto un día de celebración pero también de conmemoración y reflexión critica sobre la situación pasada y presente que le toca atravesar a la clase trabajadora. 

El contexto que actualmente nos atraviesa en materia económica y laboral en Argentina y en América Latina nos muestra un panorama altamente complejo para la clase trabajadora y en este sentido, hoy más que nunca, es necesario tomar conciencia y analizar algunas declaraciones que circulan en los medios de comunicación y en la opinión pública. La Reforma Laboral que pretende impulsar el gobierno de Mauricio Macri ha sido merecedora de una gran variedad de declaraciones mediáticas y publicaciones. El diario La Nación publicaba el 14 de abril del corriente: “para que la producción argentina pueda efectivamente competir en un mundo donde la mayoría de los gobiernos invierten recursos y esfuerzos en fomentar sus industrias y su producción, hay que priorizar cambios que modernicen nuestro esquema tributario, nuestras relaciones laborales y nuestro sistema educativo (…)”. Un poco más atrás en el tiempo (11/10/2018), Clarín citaba algunas declaraciones del Banco Mundial aseverando que Chile era el modelo a seguir: “es el país latinoamericano que ha alcanzado la mayor productividad de la próxima generación de trabajadores (…)”. En algunos programas televisivos también pudo verse recientemente declaraciones de una serie de economistas que encontraban en el modelo chileno el “ejemplo a seguir” para Argentina. 

En este sentido, es pertinente analizar la génesis y evolución del modelo chileno, las medidas económicas llevadas a cabo y su reforma laboral que data de 1979 de la mano del Ministro de trabajo y previsión social José Piñera (padre del actual presidente chileno Sebastián Piñera). En ese momento Chile se encontraba bajo la dictadura del general Augusto Pinochet, régimen altamente autoritario que por medio de esta serie de medidas del carácter neoliberal más ortodoxo también buscaba “modernizar” y reformar la economía chilena para una mayor productividad y así “competir” en el mercado mundial. 

Las medidas llevadas a cabo por el gobierno militar tuvieron que ver principalmente con la retirada del Estado de amplios sectores de la economía, comenzando por la venta y privatización de las minas chilenas (son una de las principales fuentes de ingresos de divisas de Chile) en manos de empresas extranjeras. El Estado dejó camino libre al accionar privado tanto sobre los recursos como de las relaciones laborales y sociales, desligándose así de la redistribución más equitativa de los recursos y seguridad social, generando un mayor empobrecimiento de amplios sectores sociales que ahora recibirán menos beneficios por igual (o mayor) trabajo.

La Reforma Laboral de 1979 va de la mano del proceso de privatizaciones, garantizando la atomización del movimiento obrero y una mayor explotación y precarización del mismo, lo cual genera mayores beneficios para las empresas. Su expresión más clara fue la tercerización laboral por medio de lo que se ha llamado “subcontratación” de mano de obra. Aquí ya no hay una relación directa entre empleador y asalariado sino que se pasa a una situación ternaria. Por un lado los trabajadores suministrados; por otro el suministrador y finalmente el usuario que es quien dirige y supervisa la ejecución del trabajo. Esto le garantiza al empresario no tener que hacerse cargo de los problemas de la relación laboral ya que de eso se encarga la empresa suministradora. Estos trabajadores, ajenos a la empresa usuaria, reciben salarios diferentes y tienen derechos distintos que aquellos que si pertenecen a la misma. Las empresas pueden prescindir de ellos cuando lo crean conveniente o si se hallan en huelga, pueden reemplazarlos por otros trabajadores sin tener que pagar indemnizaciones. Esta situación coloca al obrero ante la amenaza de perder su trabajo en caso de recurrir a medidas de fuerza y resignarse a trabajar en jornadas laborales que a veces superan el máximo establecido y en condiciones deplorables.

Este es el modelo “modernizador” y “productivo” al cual los economistas, medios de comunicación y algunos políticos argentinos hacen referencia. Esta modalidad de trabajo que surgió con la dictadura militar, se extiende hasta el día de hoy en Chile. En el año 2006, el 68% de las grandes empresas subcontrataban. Asimismo, esta modalidad se ha extendido a todas las ramas de actividad, encontrándose muy expandida en los suministros de electricidad, gas y agua. 

Como puede deducirse, toda reforma implica una reestructuración y una nueva situación de costo/beneficio para ciertos actores que participan en un determinado ámbito (en este caso laboral). Entonces la pregunta es: ¿Quiénes serían los perjudicados y quienes los beneficiaros de esta reforma que impuso el gobierno chileno? Claramente, los trabajadores.

Gino Porchietti. Profesor de Historia.

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