Jueves, 15 Noviembre 2018

Show y política

Carta de lectores. Escribe Román I. Cáceres: "Estamos viviendo, como nunca antes, un proceso de farandulización de la política y tenemos que ver cómo esto repercute en la vida comunitaria".

El conductor del programa televisivo “Intratables”, Santiago del Moro, consideró durante una entrevista radial que el motivo del éxito de su programa era el “show” que le había agregado a la política. Es decir que, a través del programa, la política se convierte en un espectáculo y - como tal - en una mercancía, algo “vendible”. En esa lógica, podemos decir que los votantes pasarían a ser espectadores - posibles clientes de la política - y los políticos los actores de ese “show”. Para otro análisis quedaría pensar quiénes son los productores o “los dueños del circo”.

A partir de la declaración, un tanto trivial y dicha al pasar por el conductor, podemos ver lo que subyace a la manera de hacer política en nuestro país y en gran parte del mundo. ¿Cuál es el problema de esto? Que los ciudadanos en tanto consumidores no están interesados en los mecanismos de construcción de la comunidad; los ciudadanos ceden ante la lógica del consumo y pasan de ser sujetos libres capaces de crear el destino de su comunidad a ser consumidores que se quejan y refunfuñan ante las decisiones de otros, como un consumidor ante la calidad de la mercancía.

Hoy, en nuestro país, un personaje clave de la política no es el presidente, ni ninguno de sus ministros, sino el asesor de marketing de la alianza gobernante. Hoy parecen no ser tan importantes las medidas a tomar como la forma de comunicarlas. La realidad pasa a un segundo plano, lo sustancial parece ser lo que se comunica.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han sostiene en su libro “Psicopolítica” que la transparencia que se le exige a los políticos no es con el fin de conocer los procesos políticos que desembocan en una decisión, sino que el imperativo de la transparencia es para desnudar a los políticos y convertirlos en objeto de escándalo. Volviendo a “Intratables”, no es casual que el formato del programa sea tan similar al de los de espectáculos donde se ventila la vida íntima de los personajes de la farándula. Estamos viviendo, como nunca antes, un proceso de farandulización de la política y tenemos que ver cómo esto repercute en la vida comunitaria.

El verdadero ciudadano es el que con sus propuestas y sus decisiones cambia el rumbo de su comunidad; hoy el ciudadano-consumidor está imposibilitado de eso porque no conoce los procesos políticos, no conoce a sus conciudadanos y no puede generar un nosotros con sus conciudadanos.

El gran desafío actual es cómo transformar la sociedad para lograr una participación activa en la comunidad. Los clubes, cooperadoras, mutuales, cooperativas, partidos políticos locales serían - en primera instancia - un buen lugar para acostumbrarnos como sociedad a la participación y a que nuestras decisiones y aportes se conviertan en algo concreto y beneficioso para nuestros semejantes. 

La participación está entre las necesidades humanas fundamentales; somos y nos realizamos en comunidad, nunca lo hacemos de manera aislada. Romper con esta lógica del consumo es el verdadero movimiento contracultural actual. La cultura neoliberal es la cultura del aislamiento, del “sálvese quien pueda”, de la depresión y la autoexplotación. Hoy  nos falta una cultura basada en la solidaridad. Esa solidaridad no es otra cosa que entre todos poder lograr lo que nos falta.

Foto: Nos Digital

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