Domingo, 16 Diciembre 2018

Los efectos del patriarcado en los varones

Entrevista a Marta Fernández Boccardo sobre el modo en que los varones también son víctimas de la cultura machista.

Marta Fernández Boccardo es Doctora en Psicología, profesora universitaria e investigadora. El lunes 17 de septiembre presentó en la Biblioteca Popular “Domingo F. Sarmiento” de Las Rosas, convocada por la Segunda Circunscripción del Colegio de Psicólogos, su último libro titulado “Masculinidades y mandatos del patriarcado neoliberal. Una lectura psicoanalítica con perspectiva de género”.

Compartimos la entrevista exclusiva realizada por Las Rosas Hoy, minutos antes de la presentación del libro.

Usted antes escribió “Mujeres que callan. Violencias de género y efectos en la subjetividad femenina”, donde aborda los padecimientos que sufren las mujeres a causa de los diferentes mandatos culturales existentes. ¿Qué la movilizó a trabajar sobre los varones ahora?

Hace muchos años que realizo investigaciones sobre distintos tipos de violencia de género como docente de la Facultad de Psicología e investigadora. Comencé a investigar estos temas también con material que traían los alumnos de Residencia, donde iban a los barrios, hacían talleres con mujeres y se encontraban con la mala noticia de que la mayoría eran violentadas o abusadas. Así comencé con un grupo a investigar y en mi primer trabajo bibliográfico comparé cómo la mujer fue siempre representada de alguna manera negativa en la historia y cómo siempre se trató, en distintas sociedades, de disciplinarla.

Tenemos el ejemplo de las brujas, millones de mujeres que fueron llevadas a la hoguera porque justamente no respondían o no entraban en esos mandatos de cómo tiene que ser una mujer. En cada época es diferente, pero hay algo que es consecuente - incluso hasta ahora que lo hemos visto en algunas discusiones en las cámaras legislativas - que es que la mujer tiene que responder exclusivamente al mandato de ser madre, y esto a las mujeres les trae ciertos sufrimientos, culpas, vergüenzas, malestares.

Así que estos mandatos hicieron que en un momento empezara a pensar qué pasa del lado de los hombres.

¿Cómo define a la masculinidad y cuál es su relación con el patriarcado y el capitalismo?

Voy a tomar una definición que toman distintos autores, a la que llaman “masculinidad hegemónica”, que es la tradicional, que nace con el patriarcado, que tiene que ver con el poder del hombre sobre las mujeres y los niños. Toda la legislación, a lo largo de la historia, otorgó a los hombres el poder. Incluso hace muy poco tiempo histórico que las mujeres, a partir de muchas luchas, podemos votar, firmar, heredar, tener nuestro patrimonio, nuestro trabajo. Así que esto viene desde muy lejos y se va transformando en los distintos sistemas políticos.

Actualmente estamos en el sistema que todos llaman capitalismo neoliberal, donde el centro es el mercado. Todo conduce a la cuestión económica, a los mercados financieros, al éxito económico, y los resultados de estas políticas parecen que son contrarias, en el sentido de que lo que producen es precariedad laboral, desocupación. De esta manera entra en conflicto aquel mandato de superioridad sobre la mujer, el de las “3P” dice el antropólogo Gilmore, que es ser proveedor, potente y protector. Entonces, el narcisismo masculino entra en crisis. Hay muchísimos suicidios, depresiones, alcoholismo, drogas, y generalmente se dice que el que más consume es el varón.

En el prólogo del libro, Juan Carlos Volnovich destaca que haya rescatado el concepto de “histeria masculina”, aunque usted lo llama “varones evanescentes”. ¿De qué nos esfumamos los varones, qué evadimos, y por qué lo hacemos?

También forman parte de la cultura neoliberal los vínculos light, es decir, no comprometerse, las fobias, los miedos a enfrentar situaciones, y esto se articula con lo que algunos llaman la revolución silenciosa de las mujeres más importante de los últimos tiempos, en el sentido que han ido cambiando sus roles, incursionando en todos los ámbitos, aunque todavía no se llegó a la equidad.

Eso a los hombres los descoloca. Yo puse en el libro el miedo al deseo de la mujer, que ya lo había escrito Eduardo Galeano muy literariamente. Los varones hablan del miedo a la mujer, el miedo a estas mujeres que, según ellos, los avasallan. Es que la mujer empezó a mostrar su deseo.

¿Qué concepción tenemos los varones de la mujer o qué creemos que las mujeres esperan de nosotros?

Están confundidos, porque se cae un modelo que ha sido a lo mejor el de sus madres, del que todavía hablan los varones. Todavía chicos jóvenes me dicen “mi novia es tal cosa, pero esta otra…”, como si una mujer se pudiera dividir en la buena y en “la otra”, que es la que se desea sexualmente.

El varón no acepta que la mujer tiene deseos, que puede expresarlos, que encara también, y se asusta generalmente. Es muy difícil aceptar a la nueva mujer para los varones.

¿Son el alcohol y la farmacología vías de escape que encontramos los varones?

También caracteriza al patriarcado neoliberal la medicalización de la vida, esto de “estoy triste, tomo una pastilla”. Pero el alcoholismo siempre fue la vía de escape del varón y, actualmente, lo son las drogas también.

La mujer por su personalidad - que tiene que ver con esto histórico de que se ocupa de la familia, de los hijos, de que habla - puede pedir ayuda y comunicar más. En cambio, el varón - por esto mismo de las “3P” que decíamos y no poder mostrar sus emociones - no siente sus síntomas. Por su narcisismo no piensa que tiene que ir al médico y le cuesta mucho más hacerlo que a las mujeres. 

¿La sexualidad y los vínculos afectivos son más tabú para los varones que para las mujeres?

Creo que sí, la mujer habla más de lo que le pasa sexualmente con las amigas y hace un tiempo que lo empezó a plantear a los varones, a las parejas. Y esto asusta a los varones porque está este mandato de la potencia. Que una mujer le plantee que no está satisfecha lo hiere en su narcisismo.

¿Cómo trabaja usted en su libro a la ira como una consecuencia también de la opresión del patriarcado?

La ira se canaliza por los más débiles, porque el hombre respeta más la jerarquía que las mujeres - pensemos en el ejército, la iglesia, que son cotos de masculinidad. El varón respeta al superior y se ensaña con el que está en un rango inferior, por lo tanto, la ira no se canaliza donde se tiene que canalizar.

Alguien que está pasando una situación de violencia, de opresión en el trabajo, descarga esa ira cuando llega a su casa sobre su mujer y sus hijos

¿Influye entonces directamente en diferentes tipos de violencia de género?

Se visibiliza más la violencia que antes, pero también ha llegado a extremos de mucha crueldad por lo que vemos en los femicidios, por ejemplo, las chicas tiradas a la basura. Tirar un cuerpo a la basura no es insignificante. Todas estas modalidades que están adquiriendo estas violencias nos dicen de un desprecio y de un odio hacia la mujer.

Frente a este panorama, ¿cómo es el “deber ser” del varón?

Existe este “debe ser” con el que, por supuesto, no estoy de acuerdo. Hay una frase de Juan Carlos Volnovich que dice que el hombre para poder ser hombre tiene que perderse primero ser hombre. O sea que tiene que deconstruirse, que sería desarmar todos esos mandatos que recibió. “No llores porque sos maricón o una nena, pegale a tu compañero porque te molesta, no dejes que una mujer se burle de vos”.

Desarmar todo eso que se ha transmitido de generación en generación para poder ser él mismo y no tener miedo a lo femenino, porque está catalogado en esta división de que lo femenino es ser sensible, más tierna, más afectiva, comunicar las emociones. No temer a qué eso lo convierta en femenino.

¿Con qué herramientas cuenta el psicoanálisis frente a esta opresión?

El psicoanálisis lo que ofrece es justamente deconstruirnos y poder volver para atrás, pensar qué pasó. Herramientas hay muchas, pero no todos los psicólogos aceptan la visión de género, porque están con el dogma de hace más de un siglo que elaboró Freud, después Lacan, donde era un contexto totalmente patriarcal y se pensó a la mujer desde el hombre. Entonces se dijo que la mujer envidiaba al hombre, cuando lo que envidiaba no era el pene - como dice Freud - sino su lugar de poder. Entonces esa situación la tenemos que ir actualizando para poder pensar qué pasa ahora con los varones y mujeres.

¿A qué refiere el concepto de “mujer fálica”?

Desde esta perspectiva no estamos de acuerdo con ese concepto, porque entonces toda mujer que quiere tener poder o hacer algo que no está establecido sería una mujer fálica. Por ejemplo, si un presidente levanta la voz o toma decisiones fuertes decimos “qué bueno”, pero si lo hace una mujer es loca o histérica. Lo que se sanciona es a la mujer con poder, y es lo que más molesta. Genera mucho odio una mujer con poder.

Muchos teóricos hablan del siglo del feminismo, ¿cuál es el rol del varón hoy dentro del feminismo y cuál debería ser?

Lo que dicen los movimientos feministas es acompañar y deconstruirse, desarmar los mandatos machistas. Hay muchos varones que quieren explicarle a la mujer qué es ser feminista, o tomar la iniciativa en esta lucha. Y lo que han dicho los movimientos feministas es que lo que mejor pueden hacer, cuando la mujer tiene que ir a una marcha, es quedarse cuidando los chicos. O sea, lograr esa famosa equidad en los derechos, que es lo que se busca a través de todo este movimiento.

Algunos piensan, desde un punto de vista para mí machista, que nunca se va a lograr. Yo apuesto a que sí y a que no haya violencia entre los géneros, porque también se habla de que esto trae como una guerra entre los géneros.

Usted en su libro habla de los miedos, ¿es a la deconstrucción el mayor miedo?

Puede ser. Yo nombro el miedo a la pérdida del poder, el miedo a la mujer sin miedo y el miedo al deseo de la mujer. Esos son los miedos que más transmiten los varones, por supuesto que atrás de eso está este miedo, es como que se van a sacar un ropaje y no saben cuál otro se van a poner. Es muy profundo el miedo, porque tiene que ver con una identidad que han logrado hasta ahora.

¿A quién le recomienda su libro?

A todos. Si bien soy psicóloga y hay una parte en donde explico las teorías psicoanalíticas y por qué hay que revisarlas, creo que lo escribí con un lenguaje sencillo para que pueda ser leído tanto por la gente que está atendiendo estas problemáticas como a lo mejor por otras personas que no tienen esa formación.

También lo relacioné con el arte, puse muchos ejemplos del cancionero popular del tango, pero no solo tango sino que hay canciones actuales también que hablan mal de las mujeres, que las castigan, donde son las culpables. Esto tiene que ver también con las nuevas generaciones. 

Y también lo comparé con películas. Tomé el cine inglés posterior a Margaret Thatcher, que se considera la iniciadora de políticas neoliberales, ya que produjo varias películas que muestran el sufrimiento y lo que pasa con los hombres cuando quedan desocupados.

¿Qué mensaje le gustaría dejarle a los vecinos y vecinas de Las Rosas?

Me imagino que acá también se vivirán situaciones de violencia de género. Esto nos atañe a todos y todas. Es importante empezar a reflexionar sobre estos temas y, en el sentido que yo lo abordo, qué pasa con las mujeres, con lo varones y toda la diversidad sexual. Me parece que el libro ayuda a poder pensarse así mismo. No es un libro dedicado a políticas públicas, sino a poder pensarlo subjetivamente y en qué se puede cambiar a partir de esto.

Hay una nueva forma de informarse. Una manera rápida, atractiva, dinámica y fácil.
La información que buscás adaptada a cada plataforma, para que puedas acceder estés donde estés.
Bienvenidos al nuevo medio de comunicación. Bienvenidos a Las Rosas Hoy.