Martes, 18 Septiembre 2018

Verde que te quiero verde

Carta de lectores. Escribe Aldo Marengo, a dos semanas del debate por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito en el Senado de la Nación Argentina.

“Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde”

(Fragmento, Federico García Lorca)

Sin duda, el balance sobre el proceso de legalización del aborto seguro y gratuito es muy positivo. Lo es, en primer lugar, porque logró instalar el debate en la sociedad en general, pero sobre todo en el colectivo de mujeres y jóvenes. Si bien el proceso comenzó no hace menos de 35 años, el mismo estaba reducido a un grupo de mujeres que promovían consignas feministas y a las plataformas de unos pocos partidos políticos. Lo destacable es el crecimiento que tuvo en los últimos tres años y, sobre todo, en los últimos meses a partir del ingreso del proyecto de ley al Congreso.

La demanda de Ni Una Menos a partir del femicidio de Chiara Perez, la adolescente de Rufino en mayo de 2015, despertó la conciencia de cientos de miles de mujeres que se organizaron y salieron a la calle; fue el inicio de la Marea. Ese reclamo por la supervivencia trajo aparejadas otras demandas por derechos postergados: igualdad de ingresos, de oportunidades laborales, contra distintas formas de discriminación y sumó la propuesta del aborto legal, seguro y gratuito.

Este sea quizás el logro mayor: haber sumado a millones de jóvenes a un replanteo de su condición. La publicidad (que reduce a la mujer a su rol de consumidora de artículos de limpieza o cosméticos) y las tradiciones conservadoras y patriarcales de nuestra sociedad fueron puestas en duda, cuestionadas y reemplazadas rápidamente por nuevos valores que van de a poco incorporándose al lenguaje, a los hábitos, a los vínculos interpersonales.

Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. Fue la síntesis de una nueva lógica que propone educar antes que nada. ¡Educar!, en las escuelas, familias, hospitales, desde los organismos públicos nacionales, provinciales y municipales. No alentar miedos y prejuicios, sino educar. Hacer tareas de prevención, tan menospreciadas por estos lados.

Impensado hasta hace pocos meses, también fue puesta en duda la doctrina de la iglesia católica y otras. Si bien el proceso sirvió también para reafirmar las creencias de quienes se oponen a la legalización con argumentos religiosos e incluso patrióticos o nacionalistas (las supersticiones se dan las manos para oponerse a lo nuevo), es destacable el cuestionamiento a las autoridades religiosas y políticas que sostienen esos argumentos.

Dudar nos hace humanos, nos obliga a una pausa, a meditar. A replantear convicciones. A atreverse a salir de las mayorías para animarse a construir otras.

Pudo verse en la marcha de 8 de agosto Mesas de la Coalición Argentina por un Estado Laico que sumaban firmas para iniciar la apostasía, es decir, la desafiliación de la iglesia católica. Se empezaron a ver pañuelos anaranjados que simbolizan la separación del Estado de la Iglesia, con el propósito, entre otras cosas, que el Estado deje de financiarla con el Presupuesto Nacional.

Hubo un debate familiar impulsado por los más jóvenes. Incluso algunas diputadas y periodistas afirmaron que cambiaron de postura a raíz de la seriedad con la que sus hijos le planteaban su certeza. El Congreso Nacional y sobre todo el Senado cumplieron su función de ser el dique de contención de la Marea Verde.

El proceso igualmente tuvo otro logro: dividir a los partidos tradicionales que gobiernan. La verticalidad fue reemplazada por opiniones más personales y bien fundamentadas.

Por otro lado, se escucharon frases que si no fueran graves causarían gracia: la diputada Ivana Bianchi pretendió asustar con el contrabando de órganos de fetos y otra diputada comparó mujeres con mascotas. La cima del podio fue ocupada por el subvencionado Dr. Abel Albino y su célebre “el virus del sida atraviesa la porcelana”.

Creo que pocas veces se prestó tanta atención a argumentos científicos como en estos últimos meses. No recuerdo otro momento en que tantos jóvenes se detengan a escuchar a científicos exponer sus argumentos.

En las Rosas no hubo ni debates ni manifestaciones públicas, ni a favor ni en contra. Hubo sí, como ya es costumbre, un contrapunto acalorado en las redes sociales. En el reino de los fakes van y vienen las descalificaciones y arrebatos, pero pocos argumentos sólidos. De un tiempo a esta parte se instaló la costumbre de controlar opiniones y atacar arteramente. Motivo de sobra para que muchos prefieran el silencio a ser víctimas de dicho cólera. Gran Hermano no descansa.

Podemos presumir que aquí prima el pensamiento “celeste” además del amarillo. Sobre todo viendo que no hace mucho la mayoría de la sociedad se expresó a favor de una de las formas más exacerbadas del patriarcado: El Caudillismo, en el cual las mujeres aceptan el rol de justificadoras de las acciones del caudillo y se esfuerzan por emularlo en sus modos y en sus dichos, aun cuando se trate de insultos a otras compañeras, a otras mujeres. Se asume el maltrato como parte de la virilidad del líder.

Seguramente, muchos de quienes sostienen la consigna de defender las dos vidas son los mismos que piden “abortar” toda vida descarriada de la sociedad. No obstante, es inevitable que crezcan aquí también brotes verdes. 

¿Hubo coincidencias en los debates? Sí, ambas fracciones afirmaron que es en la pobreza donde ocurren los casos más dramáticos y es el sector social al cual hay que proteger. Viene por allí la próxima toma de decisiones que reagrupará a los géneros.

El contexto en el que se dio la votación negativa de la ley no pudo ser peor: en los días sucesivos murieron dos mujeres por abortos clandestinos, una en Pacheco y otra en Pilar, Provincia de Buenos Aires. Y lo más grave fue la confirmación del incremento de la pobreza en más de un millón y medio de personas, a raíz de la nueva devaluación del peso y alta inflación de los últimos meses, según datos de la Universidad Católica Argentina. 

La pobreza está estancada en niveles del 25% al 30% y la indigencia, en el 5%. Sin planes sociales seria del 10%. Y lo que se espera es totalmente desalentador, reconocido este viernes pasado en Jujuy por el propio presidente Macri; no hay obra pública que pueda disimular este desmadre.

El Informe Nacional de la UCA concluye: "Un tercio está postergado en términos de desarrollo humano e integración social. Es decir, está fuertemente excluido. Otro tercio es vulnerable, no vive bien, y el último tercio corresponde a las personas que sí están incluidas".

El censo 2010 determinaba que en Las Rosas cerca de un 8% tenía las Necesidades Básicas Insatisfechas. A poco de realizarse el Censo 2020 esa estadística parece no haber cambiado.

En este marco, la peor tragedia no parecen ser los abortos sino la desesperación de millones que temen perder sus empleos sino lo perdieron ya, la carestía de vida, los aumentos de los servicios, en definitiva la degradación de la vida humana. 

Si ya se sabe que no habrá “pobreza cero”, de cara al futuro se plantea el desafío de poder construir conjugando el valor por los nuevos derechos con el valor de los viejos derechos que se van perdiendo.

Aldo Marengo.

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