Domingo, 16 Diciembre 2018

Y un día, los Dickinson volvieron

Jorge Cáceres comparte las vivencias del día en que los descendientes de los fundadores de la ciudad volvieron a conocer el paso de sus orígenes.

La actual ciudad es el resultado de la unión, en 1892, de los pueblos Las Lomas y Las Rosas. El primero de ellos fue fundado por los hermanos Alfredo y Enrique Dickinson, en 1888, y Las Rosas por William Kemmis, en 1889. Es por ello que estas tres personas son consideradas los fundadores de la localidad.

Creo que poca gente de Las Rosas conoce mi dedicación a la historia, circunstancia dada por una actividad solitaria y silenciosa, aunque reflejada en trabajos de investigación, participación en congresos y publicación de artículos de divulgación. De manera puntual, en el caso de Las Rosas, focalicé la investigación en la historia temprana del lugar; es decir, en el proceso histórico que dio origen a la localidad y que constituye la etapa cuyo abordaje resulta más dificultoso.

Mi primer contacto con un descendiente de los Dickinson data del año 2010. Esa persona es ya muy anciana y, con el correr del tiempo, a ella se fueron agregando otros miembros de la familia residentes en diversos países, como Inglaterra, Australia, EE.UU. y Canadá.

A principios de la semana pasada, tuvimos la alegría de recibir en nuestra casa a tres miembros de la familia Dickinson. Diana y Donald son primos hermanos, residentes en Canadá y bisnietos de Alfredo Dickinson. Junto a ellos viajó Sophia, la esposa de Donald. 

La fecha precisa del arribo de estos Dickinson canadienses fue conocida por mí en junio de 2017 y lo único que me solicitaron era poder conservar un perfil bajo durante su permanencia en el pueblo. Como decimos acá, no querían jugar el rol de “figurones”. Llegaron temprano, por la mañana, y permanecieron hasta el atardecer.

El contexto de la visita estuvo dado por dos factores: visitar lugares del pueblo relacionados con su historia familiar y conversar sobre los temas que tantas veces tocamos a la distancia y algunos nuevos.

Los acompañamos a visitar un lugar muy entrañable para ellos, como es la vieja casa de lo que fue el casco de la estancia Las Lomas, donde los pasos de sus antepasados anduvieron estas tierras. La estación de trenes desde donde aquellos primeros Dickinson partieron para recién volver ahora en una sangre renovada. Recorrieron las calles y los terrenos que sus antepasados donaron para plaza, iglesia, escuela y asiento de autoridades públicas y donde se refleja el esfuerzo de generaciones de habitantes en la construcción de un pueblo.

Compartimos largas charlas que fueron desde el rigor de la historia con su crudeza de datos hasta anécdotas familiares plenas de humor, pasando por la expectativa mutua acerca de un libro, de mi autoría, sobre la historia de Las Rosas y de próxima publicación. Y, como corresponde a todo anfitrión argentino, compartimos el almuerzo en la mesa familiar.

Más allá del trasfondo histórico, definiría lo vivido como un encuentro esencialmente humano, con personas cálidas, sinceras y sencillas.

Redacción: Jorge Cáceres

Edición: Las Rosas Hoy

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