Martes, 18 Diciembre 2018

La posibilidad de elegir

A 42 años del Golpe de Estado de 1976, elegimos Memoria, Verdad y Justicia. Decimos Nunca Más.

RAÍCES

Por Leonardo Ravaglia.

Rosario. Lunes 6 de septiembre de 1976. Frío. La primavera se niega a cumplir su ritual y en lugar de acercarse parece huir, como si no quisiera ser parte de este año pétreo y gris que se ha posado sobre Argentina. Son las 22 horas. El niño nace. Llora. Sus padres se abrazan emocionados. En cuestión de minutos toma contacto con el pecho materno y su leche tibia lo adormece un instante. Movilizarse hasta esa ciudad más grande en busca de un parto con el médico de confianza ha valido la pena.

No muy lejos de allí también se oyen llantos. De niños y no tan niños. Gritos. Se oyen puertas adentro. Afuera nadie parece escucharlos. Allí también nacen otros niños, pero ellos no tomarán contacto con los brazos cariñosos, ni con la leche materna. Ese primer llanto será lo único que conocerán las madres de los recién nacidos. Minutos después todo será silencio. Manos cómplices aportarán la cuota de legalidad con sus firmas y sus sellos apócrifos. No habrá fotos previas a sus llegadas. Todo parece estar bajo control.

A diferencia de estos últimos y una vez otorgada el alta médica, los padres y el niño regresan a su pueblo natal. Y él comienza a transitar su camino, paralelo al de aquellos otros niños. Al cabo de algunos años, en uno de sus paseos infantiles, la atención del niño será acaparada por los desniveles en las veredas de la plaza del pueblo. Le explicarán que las raíces de los árboles perimetrales son tan grandes y fuertes que levantan las baldosas por las que intenta avanzar.

Años después, con la llegada de la adolescencia, al niño le retumban algunas preguntas. ¿Acaso no repararon en este detalle los arquitectos del terror? ¿Acaso pensaron que alcanzaba con tapar prolijamente esas raíces? ¿En verdad creyeron que nadie preguntaría por ellas? ¿No tuvieron en cuenta la fuerza vital con la que contaban?

A casi cuarenta y dos años de aquellos nacimientos el niño concluye que no podemos volver el tiempo hacia atrás pero sí podemos tomar decisiones en este presente para cambiar el futuro y reparar un poquito el pasado. Sólo se trata de poder elegir.

Elegir saltar la cerca de la indiferencia para poder ver y no sólo mirar. Para poder escuchar además de oír. Para que prevalezca la construcción de un abarcativo e inclusivo “NOSOTROS” por encima del egoísta “YO”. Para poder encontrar la verdad que libera rompiendo en mil pedazos la mentira que paraliza. Para que los verbos buscar y encontrar caminen juntos de la mano.

Porque, después de todo, nadie puede tener un andar sereno, auténtico y real hacia el futuro si niega o ignora las raíces que asoman rompiendo las baldosas.

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